El éxito en alcanzar los 500 huevos por gallina depende directamente de prolongar el tiempo del pico de puesta
El objetivo de cualquier productor de huevos es conseguir que sus gallinas pongan la mayor cantidad posible durante su etapa productiva. Este parámetro, condicionado a aspectos externos como el entorno, el bienestar animal, la alimentación o la higiene, se predefine en las primeras semanas de vida de los animales. Es por este motivo que debemos prestar especial atención a la etapa de recría, momento en el que estamos asentando las bases para que tanto la cantidad como la calidad sean las adecuadas. Por aquí te dejamos una entrada con algunos consejos: “Nutrición temprana y recría: claves para el éxito en la avicultura moderna“.
Una vez sorteado este punto, las gallinas comenzarán a poner huevos y la cantidad irá aumentando progresivamente hasta alcanzar el “pico de puesta”. Imagina que hablamos de una carrera de larga distancia. Al inicio, la gallina es muy rápida y eficiente, por lo que alcanzará su máxima llegando a poner (si todo está bien) entorno a 6’7 huevos por semana. Al final del ciclo, esa cifra puede caer a unos 5.5 huevos, una caída del 22%. Por eso, el verdadero reto del productor es conseguir que el pico de puesta perdure el máximo tiempo posible, acumulando la mayor cantidad de huevos posible con el menor costo de alimento.
Persistencia y rentabilidad productiva
Para no conformarse con solo ver un pico alto, se ha propuesto un indicador más preciso: la persistencia del pico de puesta. Para calculo simplemente tomamos el porcentaje de puesta más alto que alcanzó el lote y promediamos el porcentaje de esa semana más las siguientes nueve semanas, de modo que la operación queda de la siguiente manera: (%PP+%P2+%… %P10)/10. De ese modo, esta cifra te proporciona una valoración objetiva sobre cómo gestionaste el inicio de la puesta de ese lote de gallinas, permitiendo comparar el resultado de distintas estrategias de manejo o de alimentación durante el periodo de recría.

El Peligro de la Descalcificación Temprana
El inicio del ciclo de puesta es un momento de máxima exigencia para la fisiología de la gallina, un periodo en el que debe compaginar la demanda masiva de calcio para el huevo con su necesidad de terminar de desarrollarse. La gallina, sin embargo, no gestiona el calcio de forma uniforme, sino que dispone de dos depósitos óseos con funciones muy diferentes.
La primera es el hueso medular. Se trata de un tejido esponjoso, diseñado para ser una reserva inmediata y de fácil acceso. El cuerpo lo forma justo antes de la puesta y lo utiliza durante la noche para depositar la cáscara. Es una reserva totalmente regenerable, reponiéndose diariamente con el calcio que la gallina ingiere con el pienso. Es, en esencia, la cuenta corriente para el día a día.
La segunda y crucial reserva es el hueso cortical, el hueso denso y estructural que forma el esqueleto base de la gallina. Este se desarrolla exclusivamente durante la recría y actúa como una cuenta de ahorro a largo plazo. Una vez que la gallina entra en producción, el cuerpo lo protege, pues es su soporte estructural; si se pierde, no se regenerará mientras siga poniendo huevos.
El verdadero riesgo ocurre si la gallina comienza a poner huevos sin la suficiente reserva corporal o el peso adecuado. Al no obtener suficiente energía y calcio de la dieta para satisfacer la producción y el crecimiento al mismo tiempo, el cuerpo entra en crisis. Priorizando la formación del huevo, el organismo se ve forzado a “robar” calcio de su propia estructura, accediendo a esa “cuenta de ahorro” que es el hueso cortical. Podrás leer más acerca de este tema en el siguiente artículo de Avinews.com: “El hueso medular de la gallina ponedora“.
Esta descalcificación temprana es un daño estructural de graves consecuencias. El hueso cortical perdido no se puede recuperar a menos que la gallina detenga la puesta, lo que la obliga a continuar su ciclo productivo con un esqueleto debilitado. El resultado directo de este déficit inicial se traduce en series de puesta más cortas, una menor persistencia general a lo largo del ciclo, y el deterioro de la calidad de la cáscara en las etapas finales de la producción.
En definitiva, maximizar la persistencia del pico de puesta es cuestión de estrategia a largo plazo. La clave está en entender que el éxito productivo comienza mucho antes del primer huevo. Una recría bien gestionada, con atención al desarrollo óseo y al equilibrio nutricional, permite que la gallina afronte su etapa de puesta con una base sólida, evitando descalcificaciones tempranas y asegurando una producción sostenida y rentable. Porque en avicultura, como en cualquier sistema eficiente, lo importante no es solo llegar rápido, sino mantenerse en la cima el mayor tiempo posible.







